Este libro expresa la disposición que siempre tenemos de ir al reencuentro con las emociones que nos agitan como serpentinas, desde aquellos tiempos lejanos en que fuimos niños, y que ahora luchan incesantemente por salir a flote. Pablo es un mago para recrearlas. Nuestro autor tiene, en efecto, la magia y el calor de la niñez perdida. Me encanta leerlo (y también, claro, escucharlo) porque con él siempre hay garantía contra el desaliento. Y cuando lo hago, comprendo que no todo en este mundo está perdido. Al contarnos sus historias, Pablo Tenorio crea y recrea.
Diana y el Silencio


