El título de este libro, Las heridas malditas, proviene de un juicio sobre la tarea del escritor que Ernest Hemingway le comenta a Scott Fitzgerland. Pero para el autor son una conocida maldición cotidiana que lo hiere constantemente a lo largo de múltiples avatares profesionales o amorosos. Por eso se trata de las heridas malditas y no de “malditas heridas”.
Las heridas malditas


