-¿Por qué me pusiste Diana? – dijo, sentándose junto a ti, en la sala, mientras tú te hacías el dormido. Pero el sueño te venció de verdad y comenzaste a soñar con ella: con la mujer por la cual le pusiste ese nombre. Más bien con la muchachita que era en ese entonces cuando fueron a Los Dinamos.
Diana y el silencio


